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Principal > Opinión > De Nuestro Estudio > Las presiones y el desquicio ya son un paradigma >
Las presiones y el desquicio ya son un paradigma

Conscientes de ser reiterativos (porque lo venimos sosteniendo desde hace años) no podemos ocultar nuestra preocupación por lo que ocurre en el mercado interno respecto de la crisis energética, pero específicamente con relación al mercado de los combustibles.-


Desde hace varios años,  los que vienen soportando y son las victimas de la “variable de ajuste” que se utiliza para que los combustibles no incrementen los precios en nuestro país, son las Estaciones de Servicios, quienes se encuentran en medio de acuerdos políticos entre el gobierno y petroleras sin que les quepa injerencia alguna no obstante ser un eslabón ESENCIAL en la cadena de comercialización de los fluidos.-

Los operadores de Estaciones de Servicio ya no saben que hacer ni que dirección o postura tomar para poder mantenerse en el mercado, pues carecen de rentabilidad en sus negocios, padecen el desabastecimiento continuo de parte de quienes están obligados a proveerlos y encima son el blanco de las quejas de los consumidores.

Los Operadores, sean abanderados o blancos (estos últimos no tienen contrato con petroleras) están atravesando una situación extremadamente delicada, pues la magra o nula rentabilidad hace que muchos estén al borde del cierre, en especial las Blancas, que les resulta casi imposible proveerse de combustible para despachar. Deben deambular por todos los proveedores mayoristas que, si les venden, lo hacen a un precio ridículamente caro y por tanto no pueden competir.-

Para ahondar en este punto, el lector puede visitar un artículo de nuestra autoría haciendo clic [aquí].-

Cuando aumentan los combustibles, resulta tragicómico leer  o escuchar las explicaciones de las formadoras de precio (petroleras) cuando dicen a los medios periodísticos que “van a salir a controlar y corregir” cualquier variación de precios en los surtidores, como si no fueran ellas las que los imponen.

Evidentemente, todas aquellas estaciones que no sean “calificadas” por las petroleras como “esenciales, primordiales o imprescindibles” dentro de su red de distribución parecería que están destinadas, en el corto o mediano plazo, a desaparecer tal lo ya ocurrido con muchas. La competencia desleal de las grandes compañías que –entre otras cosas- toman para si -en forma directa- a los llamados grandes clientes (que eran de las estaciones), y el desabastecimiento que arbitrariamente producen en las bocas de expendio, marcan el rumbo trazado, sin que tenga relevancia alguna  -por supuesto-  el colapso de las estaciones pyme que a diario quedan a la vera del camino.

Asimismo, cabe remarcar, que la presión psicológica y abuso del poder dominante que ejercen sobre los Estacioneros, forjan en ellos la “idea-concepto” de que se vean obligados a “aceptar” el permanente cambio en las reglas de juego y sean temerosos a la hora de querer hacer valer sus legítimos derechos, pues  las “advertencias o sermones” (que no son otra cosa que solapadas amenazas) logran instalar la duda paralizante en aquellos que pretenden intentar algo por salvar sus negocios (léase estaciones de servicio, pues ya son pocas las que pueden ser consideradas negocios).-

Hay realidades inexpugnables en el escenario de la venta de combustibles que opacan la loable actividad de las Estaciones. Lo que cuenta, aquí y ahora, es el poder que las grandes empresas petroleras siguen  construyendo o, si se prefiere, afianzando, al tiempo que los Estacioneros  desperdician oportunidades para constituirse, de alguna manera, en protagonistas para tratar de solucionar sus problemas.

La crisis, que ya se torna insostenible, debió haber sido un disparador para que los Operadores aunaran criterios en pro de controlar una situación que parece querer arrasar con todo cuanto hay en el escenario. Y lo que hay que salvar aquí son la gran cantidad de pymes al borde de la quiebra y su lógica consecuencia: el aumento del desempleo.-

¿Qué cambios habría que esperar dentro de este marco? A nuestro juicio  y en rigor de verdad ninguno. Hay situaciones que solamente pueden darse en la Argentina concebida por una dirigencia sumida en la soberbia y necesitada de continuar con los negocios que ya se iniciaron. Solo habrá cambios para aquellos que se  decidan a darse cuenta  que la situación no da para más. Tendrán que hacer lo que deben hacer.-

Como ya dijimos, debido a las presiones ejercidas, son pocos los que se animan a intentar un cambio verdadero y efectivo de la realidad que los angustia. No logran ver que soluciones existen –al menos- para muchos de las dificultades que los aqueja.

Por el otro costado, se puede decir que  el común de la gente no conoce la temática aludida, y muchas veces se piensa que los precios y demás condiciones los ponen antojadizamente los Estacioneros, valga como ejemplo que son severamente criticados por no aceptar el pago con tarjetas de crédito. Por eso,  las presiones y el desquicio ya son un paradigma.

Lo que hay que explicarle al público, a la gente que nada sabe de todo esto, es que el Operador:
1.      Esta “ligado” mediante un contrato de adhesión y generalmente solo él lo respeta, ya que la parte fuerte (petrolera) impone y cambia las condiciones a su exclusivo criterio y cuando le place. El Estacionero, por prevención o prejuicio, termina viéndose en la obligación de “aceptar” todo lo que se le dice, so pena de considerarse mas perjudicado por ciertas “represalias” que supuestamente se tomarían contra él. Soporta el desabastecimiento, los mal llamados e ilegales “cupos” (limitación en la provisión), todo lo cual se suma a los magros margenes de comercialización, tornando entonces prácticamente en inviable la continuidad. Ni hablar de las estaciones blancas, que encuentran donde acudir en procura de alternativas viables.
2.      Que dicho contrato,  la más de las veces no le permite modificar los valores en el surtidor. En algunos casos, porque los maneja directamente la Compañía, y en otros porque quedan fuera mercado. Si fuera por ellos, así como se les incrementó sustancialmente los costos operativos, deberían aumentar los precios de los productos que venden, pero en la práctica no pueden hacerlo con libertad y sin riesgos.
3.      Que los precios en este país los forman las petroleras con el gobierno según las conveniencias políticas, no teniendo injerencia alguna las estaciones de servicio. Estas siguen perdiendo dinero y capital de trabajo, mientras las petroleras y el gobierno engrosan sus cajas.
4.      Que en realidad, quien esta ganando con el combustible son las petroleras -pese a las recientes retenciones- y el gobierno con el producido de las mismas.
5.      Que la falta permanente de combustibles en las estaciones se debe a la no entrega por parte de las Empresas, pues les sigue conviniendo volcarlo al mercado exterior.
6.      Que si las estaciones no reciben tarjetas de crédito es porque con dicho medio de pago les merma el 20% de su escuálida rentabilidad, la que en muchos o muchísimos casos es nula o negativa.
7.      Que aceptar tarjetas de crédito, implica además no poder reponer el combustible vendido, ya que el dinero por dichas ventas recién se los pagan  a los 21 días, siendo que el Operador debe cancelar su compra de contado, anticipadamente o con un ridículo plazo de 24/48 hs. etc. etc. etc.

En fin, las presiones y el desquicio ya son un paradigma. Esperemos a ver que pasa. Este es el país de “es lo que hay”. Pero lo que si nos preocupa, es que esa espera no sea demasiado larga y que para algunos más que espera sea el fin.-

Dr. Mario López Villagra
Abogado - Operador
estudio@lopezvillagra.com.ar
www.lopezvillagra.com.ar

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