“Nuestra dirigencia es una síntesis de asociación de intereses corporativos entre políticos y países extranjeros, es decir, está conformada por una mediocracia” Nelson Marcionni –Investigador del Conicet.
Desde un tiempo a esta parte se venia anunciando, lo que hoy se confirma a través de muchos medios del país y del extranjero, que la Empresa Española Repsol comienza a reducir su participación en el “negocio” petrolero en Argentina.
Sería oportuno que la comunidad nacional sepa si estas operaciones que tienen incidencia en el manejo de recursos y servicios estratégicos de la Argentina están de alguna manera siendo analizados en tal sentido por las más altas autoridades del Ejecutivo Nacional.
Esto que algunos llaman a dicho proceso, virtual “nacionalización privada” y que constituiría una aparente recuperación de YPF en manos de capitales argentinos (aunque el mayor capital sería aportado por la banca extranjera), define inexcusablemente un esquema contrapuesto a la posición sustentada en los años 90 cuando se produjera la venta y entrega de la petrolera nacional a una empresa del exterior. En aquella oportunidad todas las provincias productoras del preciado y estratégico oro negro, optaron no solamente por aplaudir semejante “negocio”, sino que participaron especulativamente de los réditos económicos aportados por las llamadas regalías petroleras.
En la actualidad el Gobierno Nacional da su guiño para que dichas provincias participen en la operación de venta del 45 por ciento del paquete accionario de YPF a través de la compra del 20 por ciento de los títulos que cotizarían en bolsa para sumarlos al 25 por ciento que está siendo negociado por el empresario Eskenazi.
Es bueno recordar que algunos de estos dirigentes que ocupaban cargos en los gobiernos de provincia y que hoy están con otra responsabilidad en la conducción político-institucional del país, hicieron hasta lo imposible para asegurar que el Congreso de la Nación aprobara dicha privatización, al mismo tiempo que muchos de ellos proclamaban al Presidente de aquel entonces como a uno de los políticos más importantes de la historia argentina.
Esta especie de ambivalencia o “confusión” con respecto a temas estratégicos inherentes a nuestro país, constituyen hoy por hoy uno de los puntos más crítico de esta dirigencia ya que a partir de ello, el país y millones de argentinos hemos padecido las consecuencias de la crisis generada por dichos desatinos.
La tan promocionada calidad institucional depende también y en gran medida de la calidad de los dirigentes que se vienen promocionando como opciones posibles para gobernar.
¿Como no dudar entonces de la dirigencia que nunca hizo su mea culpa ni dio ninguna explicación habiendo ponderado y usufructuado de las privatizaciones cuando se le quitó al Estado Nacional el manejo de los recursos estratégicos, generándose con ello una pronunciada merma de nuestras reservas sin que eso nada importe a los que tomaron a su exclusivo arbitrio la concesión de dichos recursos?
No es que estemos en contra de la participación ni de la rentabilidad que puedan perseguir las compañías extranjeras o nacionales en la explotación y desarrollo de las fuentes alternativas de energía ya que al fin y al cabo defienden sus estrategias, pero parece que nadie, en representación de los intereses argentinos puso o pone interés en investigar y clarificar debidamente el alcance y funcionamiento de los contratos de venta o concesión y del cumplimiento o no de los mismos por parte de dichas corporaciones.
Si este cambio de “caras” sigue consustanciado con la misma sintonía de “negocio” y depredación como la que hemos venidos soportando, sin que exista claridad en fijar cuales son los objetivos que se persiguen o si las cláusulas que se introduzcan en los nuevos contratos si los hay no aseguran la defensa irrestricta y promoción de los verdaderos intereses de país, sería nuevamente más de lo mismo como hasta el presente.
Frente al panorama internacional donde el petróleo se presenta como un recurso por demás “peleado”, desde diferentes sectores de la Comunidad Nacional se viene planteando no solamente el fracaso sino la imprevisión ya que sin justificación alguna no se fiscalizó debidamente la exportación de nuestras reservas.
Nadie puede negar que frente al crecimiento y desarrollo de nuestra producción y trabajo que actualmente se presenta, este recurso manifiesta un estado crítico al que hay que revertir con exploración y explotación de nuevos pozos, garantizando su provisión al mercado interno en forma responsable, cosa de lo que nadie habla.
Aerolíneas Argentinas, Gas del Estado, Ferrocarriles Argentinos, YPF, etc., etc., etc., son las muestras palpables del despojo producido cuando hoy dentro de este juego pendular la misma dirigencia de antaño, promueve la necesidad de construir ramales ferroviarios, recuperar YPF, proyectar nuevos gasoductos, etc., etc.
Es de esperar que con esta vuelta al verdadero sentido de lo que representa para un país ser propietario soberano de los servicios y recursos estratégicos y disponer independientemente del manejo de los mismos, no vuelvan a ocultarse nuevamente otros negocios al margen del interés general, en beneficio de grupos o sectores de privilegio como los que se hicieron en la década del 90. ¿Será nuevamente el Congreso de la Nación el que selle estos posibles “acuerdos”, sin que se investiguen y clarifiquen los alcances de estas operaciones reeditando el papel de cómplice en perjuicio de los intereses argentinos a través de las presiones que puedan ejercer los lobbys y corporaciones que siempre aprovechan los vaivenes inescrupulosos de la que algunos definimos como mediocracia? Juan Manuel Torres
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