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La Importancia de ser un buen Jefe

No todas las personas saben ser buenos jefes. El 50% de los trabajadores que deciden cambiar de empleo lo hacen por desavenencias con sus superiores. Más de 80.000 personas se han descargado por Internet cursos para saber como liderar un grupo de trabajo.

 

No todas las personas saben ser buenos jefes. Los expertos en psicologí­a laboral señalan que para dirigir a un equipo de trabajo correctamente, el lí­der debe tener muy desarrollada su inteligencia emocional. í‰sta hace referencia a la capacidad de ser autocrí­tico, de controlar los impulsos y de motivar a los colaboradores, entre otras cualidades. En los últimos años, al menos 80.000 personas se han descargado por Internet diferentes cursos para aprender a gestionar la actitud en el ámbito laboral.
 

Las personas satisfechas y motivadas trabajan más y mejor. Esta afirmación puede parecer una obviedad, pero sólo se materializa cuando el ambiente de trabajo es favorable para todos los que forman parte de él. Los expertos en psicologí­a empresarial coinciden en señalar al jefe cómo el único responsable del éxito o del fracaso a la hora de conseguir este buen rollo laboral. Es más, según varias encuestas realizadas por diferentes consultoras de recursos humanos, casi la mitad de las personas que deciden cambiar voluntariamente de trabajo lo hacen principalmente por "desavenencias con sus superiores".
 

En opinión de la psicóloga Dolors Poblet, directora de selección de personal de Manpower, "el aspecto económico ha dejado de ser lo primordial a la hora de buscar empleo". A su juicio, las personas valoran cada vez más "el buen clima laboral", así­ como la oportunidad de seguir formándose en su propia empresa. En los últimos 15 años, por otra parte, "ha habido un cambio de paradigma en los procesos de selección de futuros lí­deres empresariales", explica Poblet. "Las condiciones intelectuales ya no son las que priman", apunta. "Cada vez se tiene más en cuenta la actitud que la aptitud", sostiene Poblet, "lo que actualmente se denomina inteligencia emocional".
 

Se trata de un concepto acuñado en los años noventa por los norteamericanos Peter Solovey y John Mayer, psicólogos de las universidades de Yale y Hampshire, respectivamente. Sin embargo, fue el investigador de The New York Times Daniel Goleman quien dio a conocer al mundo este tipo de inteligencia. A raí­z de la publicación en 1996 de su best seller La inteligencia emocional (Kairós), Goleman se ha convertido en la referencia de muchos expertos en psicologí­a laboral de España.
 

La inteligencia emocional es una forma de interactuar con los demás desde los sentimientos y engloba una serie de habilidades como el control de los impulsos, la autoconciencia, la motivación, el entusiasmo, la perseverancia, la empatí­a o la agilidad mental. En opinión de Poblet, "las personas que han aprendido a desarrollar habilidades emocionales tienen más probabilidades de sentirse satisfechas y de ser más eficaces en su puesto de trabajo". Sin ellas, "uno no puede ser un buen jefe".
 

Como no se trata de cualidades innatas, sino de actitudes que pueden aprenderse, la formación relacionada con la psicologí­a en el ámbito empresarial ha proliferado en España, sobre todo desde la consolidación de Internet. Una de las principales páginas web que ofrece la posibilidad de descargarse gratuitamente este tipo de cursos es Mailxmail.com, un proyecto del grupo Intercom.
 

Después de cinco años, Mailxmail.com se ha convertido en la séptima web más visitada en España, según la Oficina de Justificación de la Difusión, con más de 1,5 millones de usuarios únicos al mes. Su director, í“scar Ribas, explica que de los más de 1.100 cursos colgados en esta web, "los que más éxito están teniendo son los que enseñan a gestionar la actitud en el ámbito empresarial". Entre éstos, Ribas destaca los del asesor de formación y selección de personal para empresas privadas de Manuel Giraudier, que también es autor de los libros de autoayuda La gestión de la actitud y Cómo gestionar el clima laboral (ambos editados por Ediciones Obelisco). Giraudier cuenta ahora con más de 80.000 alumnos.
 

El método de estos cursos es sencillo. La información escrita por Giraudier se enví­a semanalmente al correo electrónico del interesado. "Lo primero que intento trasladar a todos estos futuros lí­deres empresariales", explica Giraudier, que lleva más de 20 años trabajando en el área de los recursos humanos, "es la necesidad de profundizar en el conocimiento propio, para poder hacerlo después sobre los colaboradores".
 

Para ser buen jefe, añade Giraudier, "uno debe estar bien consigo mismo". Cuando el estado de ánimo de la persona que manda no es el adecuado, "los colaboradores son los que suelen pagar las consecuencias", señala. "Las crí­ticas excesivas, por ejemplo, tan sólo sirven para generar resentimiento", asegura Giraudier. Así­, "para mejorar la eficacia de sus colaboradores, el jefe tiene que reconocer más a menudo el trabajo bien hecho". Si lo hace, "no sólo generará motivación en el entorno, sino que verá cómo esta conducta positiva se repite con mayor frecuencia", sostiene este experto.
 

Más allá de la relación laboral que pueda tener con los colaboradores, Giraudier afirma que "el buen jefe es el que sabe ganarse el respeto desde la amistad, no desde la autoridad". Interesarse de vez en cuando por la vida personal de sus colaboradores es un buen comienzo, concluye.
 

Asumir toda la responsabilidad
 

Cuando dentro de un equipo de trabajo algo no sale como se esperaba, el jefe es siempre el que se las carga. Aunque el error lo haya cometido uno de sus colaboradores, los expertos en psicologí­a laboral no dudan al señalar al lí­der como el único responsable. Para la psicóloga Dolors Poblet, directora de selección de personal de Manpower, la persona que accede a un puesto de mando tiene que ser "muy consciente" del lugar que ocupa. Aunque delegue en alguno de sus colaboradores parte del trabajo encargado por sus superiores, "el buen jefe es el que se responsabiliza del resultado final", apunta Poblet.
 

Para optimizar el rendimiento de sus colaboradores y recibir menos crí­ticas de sus superiores, "el buen jefe tiene que deshacerse de unos defectos muy concretos", afirma Manuel Giraudier, asesor de formación y selección de personal para empresas privadas. En su opinión, los tres mayores defectos son "la falta de empatí­a, la falta de ética profesional y la prepotencia". Y es que si el lí­der de un grupo "se deja llevar demasiado por su ego, perderá capacidad para prevenir los errores que puedan cometer sus colaboradores", subraya Giraudier. A su juicio, "el buen jefe no sólo conoce sus limitaciones, sino las de las personas que tiene a su cargo".

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