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Principal > Opinión > De Nuestro Estudio > El llamado Servicio de Playa. Breves consideraciones. >
El llamado Servicio de Playa. Breves consideraciones.


Resulta difícil emitir opinión respecto de este mal denominado Servicio de Playa que las estaciones de servicio están pretendiendo implementar como paliativo de la falta de rentabilidad de los negocios. Y decimos que es difícil por cuanto las acuciantes circunstancias que atraviesa el sector estacionero torna razonable cualquier intento para aliviar la situación. Perdemos entonces parte de objetividad, desdibujándosenos la idea de lo que esta bien o no, de lo que sirve o no, de lo que es válido o no, de lo que es solución o no.-


Existen dos realidades: La de los empresarios estacioneros y la del público consumidor.

Respecto de los primeros, no cabe duda que la rentabilidad de las estaciones de servicio ha caído y viene cayendo estrepitosamente desde hace años.

En efecto, el sustancial aumento de los costos operativos (salarios, impuestos, obligaciones adicionales impuestas por la Secretaría de Energía etc. etc. etc.) y el espurio congelamiento de los precios de los combustibles ha roto la debida ecuación para que una estación de servicio sea rentable, y mucho menos que dicha rentabilidad se compadezca o tenga relación sensata con la inversión hecha por el Empresario.

Así la cosa, vemos como día a día cierran mas estaciones dejando en la calle a muchos empleados que seguramente pasaran a engrosar la lista de desocupados del país, pese a lo que diga el gobierno referido a la disminución de la tasa de desempleo. Asimismo, casi con la misma velocidad, se abren estaciones propiedad o gerenciadas por las propias petroleras, quedando a la vera del camino y del “sistema” el capital, esfuerzo e ilusiones del Estacionero.

La presión impositiva es descabellada, la lógica insistencia de los gremios solicitando aumento de salarios resulta imparable, la competencia desleal de las Petroleras ya es intolerable, los costos de mantenimiento se incrementaron desmedidamente. El desabastecimiento, los cupos y el atropello de las grandes empresas proveedoras modificando permanentemente a su antojo las condiciones contractuales y operativas hace que la vida diaria del estacionero se haya convertido en algo tormentoso y agobiante. Este es el panorama desolador que los empresarios comunes deben enfrentar día a día en sus pequeñas empresas.-

Los Estacioneros independientes -presa de su desesperación al ver caer sus negocios-, desde hace tiempo vienen intentado por distintos medios lograr recomponer la rentabilidad. Pero no lo hacen con intención de engrosar sus propios bolsillos, sino para poder hacer frente a las obligaciones que, en aumento sostenido, crecen día por día y ya no se pueden solventar.-

Las Cámaras o Federaciones poco y nada hicieron ó pudieron hacer para revertir la situación. Las presiones del Gobierno y los negocios que hay en el medio son muy grandes como para desmoronar este esquema.-

No vamos a mencionar ni analizar aquí  las conductas de las empresas petroleras ni las gubernamentales, puesto que excede el marco de estos breves comentarios. Solo diremos que a estos agentes les conviene mantener este diseño por cuanto las petroleras venden menos en el mercado interno, lo cual es de alto provecho para ellas atento que pueden exportar mas cantidades a precio internacional; y el gobierno porque artificialmente pretende frenar una inflación que ya es a todas luces inocultable.

Como alternativa a la crisis, Cecha sugirió implementar este “servicio de playa”, el cual, a nuestro juicio, es inviable, complicado, espinoso  y será objeto de severas críticas, presentaciones judiciales y encontronazos que, a la postre, terminarán por hacerlo desvanecer. Mencionemos también, que la aplicación del “sistema” puede chocar con cierta legislación vigente. Es mas, no existe ley, decreto, resolución ni ninguna normativa que avale o autorice tal implementación.-

El público en general, los consumidores comunes, desconocen por completo la realidad que vive y padece el sector de las estaciones de servicio, en especial la de las estaciones sin bandera (blancas). Pero lo que si saben, es que el llamado servicio de playa trae aparejado un incremento importante en el precio que en definitiva deberán pagar por el producto que compran. También saben del impacto que dicho incremento tendrá en muchos productos, mercancías o servicios que de alguna manera están ligadas a los precios de los combustibles.-

Y, como era de esperarse, las estaciones propiedad de las Petroleras (que en la mayoría de los casos la gente no sabe distinguir) no implementarán este servicio de playa, recreando una vez más la competencia desleal incluso para con sus propios operadores abanderados.-

El incremento que implica la implementación de este llamado servicio de playa, para el consumidor es un aumento encubierto del precio de los combustibles. Y eso es en realidad, pues hablar de “servicio de playa ó uso de instalaciones etc.” es algo que va a contramano de toda lógica y tradición de este tipo de negocios. Piénsese que mañana, cualquier negocio poco rentable podría implementar este servicio por el solo hecho de que Ud. entre a comprar algún producto (farmacias, almacenes, gomerías, en fin, cualquiera).
El público consumidor,  frente a la ostensible diferencia de precios -injustificada e irracional para él- no dudará en  cargar sus tanques en las estaciones que no apliquen el servicio de playa, salvo casos de lugares donde no haya estaciones “oficiales” o con poca competencia.

Digamos también, que la falta de rentabilidad que padece el sector de ningún modo puede ser atribuido al “riesgo empresario” como se ha escuchado decir por ahí a alguna petrolera, pues los estacioneros independientes no son formadores de los precios sino que están obligados a respetar los que se les imponen. Los precios de los combustibles son ordenados por las petroleras en consonancia con las directivas emanadas del gobierno. Ergo, los estacioneros no tienen participación alguna en todo este manejo. No se nos escapa el hecho que alguna empresa petrolera dirá que los precios son “sugeridos”. Todos sabemos que ello no es –en la práctica- de esa manera.

Cabria preguntarse si, el Estacionero serio, que ha invertido, que cumple con sus obligaciones, que arriesga su capital, que apuesta al crecimiento de su empresa, íntimamente esta de acuerdo con este invento inusitado. Creemos que no, puesto que cuando alguien tiene un negocio digno, pretende ganar en relación a su esfuerzo, riesgo e inversión, utilizando estrategias comerciales serias. Tener que andar elucubrando alternativas no comerciales para mantener su empresa, resulta –cuanto menos- poco decoroso e innoble.

En síntesis, este llamado servicio de playa, es un intento –quizá válido frente a las circunstancias- de recomponer la rentabilidad de las estaciones, pero es poco serio y un parche endeble que en muchos casos será perjudicial.

Es un incremento encubierto de precios que, pese a quien le pese, si esto se masifica, se verá reflejado en perdidas de ventas para muchos y en los índices que elabora el Indec (si los hace seriamente). Obviamente, el gobierno contento porque recaudaría más y los estacioneros dejarían de quejarse, al menos, en una primera instancia.

Pero no esta todo dicho, habrá que ver como sigue esta historia. No obstante, a nuestro modesto entender, es pan para hoy y hambre para mañana. Por qué? Porque con esta medida solo se aplica un maquillaje liviano a la situación de crisis pero no soluciona el problema de fondo.

Y esto último, pasa por: Un sinceramiento de precios; Un coto a la desmedida avidez de lucro de las petroleras; y que el gobierno se haga cargo de sus responsabilidades asumiendo el costo político que implica que se dispare necesariamente la inflación que ya –incluso- no pueden ocultar.

En fin, esto es materia absolutamente opinable. Debemos esperar para saber si es positivo o no.-

Dr. Mario López Villagra
Abogado – Operador
estudio@lopezvillagra.com.ar
www.lopezvillagra.com.ar

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