Cómo comenzar estos comentarios… ?. No queremos caer en la trampa mental que nos tienta a escribir con una pluma incansable. Trataremos de eludir dicha tentación y nos ceñiremos a un simple y somero intento por desvelar la realidad de lo que viene aconteciendo y acontece en la realidad del sector. Intentaremos también expresarnos con un lenguaje llano, sin tecnicismos que tornan odiosa la lectura.
Parece irónico, pero esta realidad que vivimos hoy la venimos advirtiendo y difundiendo a viva voz desde donde nos quieran escuchar y desde largo tiempo atrás, sin que hasta la fecha se haya modificado un ápice para bien la situación sino mas concretamente por el contrario, esto es, lisa y llanamente estamos peor, atravesando quizá la peor crisis del Sector que se pueda recordar.
Con el advenimiento de las privatizaciones –muy poco prolijas por cierto- comenzó el cambio de la historia, con algunos aspectos positivos pero muchos negativos.
Como caso notable en el mundo, Yacimientos Petrolíferos Fiscales era la única petrolera que perdía dinero, y ni bien pasó a manos privadas obviamente se revirtió esa realidad. No obstante, en aquellos momentos la comercialización se desarrollaba dentro de un marco contractual relativamente sencillo, y básicamente de compra-venta de combustibles. Los contratos no eran malos, se obtenía rentabilidad y la Afip-DGR cobraba sus impuestos, ya que la factura de compra que emitía YPF SE retenía IVA, Percepción de IVA, Retención de Ingresos Brutos, Ganancias e ITC. El camión salía de planta con los impuestos pagos.
En la segunda mitad de los años 90, dentro de un marco de muchos y profundos cambios, comienza el intento de las Compañías petroleras de transferirse paulatinamente la renta de los expendedores de combustibles, inventando nuevas figuras tales como la modalidad de venta de sus productos en consignación. La primeros contratos bajo esta modalidad los estableció la Petrolera ESSO. Ante el llamativo silencio de los actores y sumisión de los entonces dirigentes de cámaras de expendedores –muchos de ellos aún en funciones legalmente o con Cámaras tomadas como el caso de FECAC-, YPF perfecciona el modelos, nace la Red XXI, y a partir de allí la situación fue confusa y comenzó a enrarecerse.
De pronto, demasiado apuro por instalar computadoras, sistemas, líneas telefónicas dedica-das, módem, ups etc; en fin, toda una serie de tecnología que nunca se habían visto y que sin duda supusieron una inversión de parte de la petrolera. Pero en aquel tiempo era toda una revolución en la manera tradicional de operar una estación de servicio.
Con estos nuevos sistemas, la petrolera descargaba (en consignación) una determinada cantidad de combustible en los tanques de las estaciones de su bandera sin la obligación del estacionero de pagar dichos productos sino hasta que los mismos se fueran vendiendo, y por tales “servicios” ganaba una comisión. Dicho combustible en stock era propiedad de la petrolera, y a medida que el estacionero lo iba expendiendo, nacía la obligación de pagar, siendo los plazos para ello muy propicios puesto que, entre otras cosas, el operador podía dar cuentas corrientes a sus clientes otorgando el mismo plazo; aceptar tarjetas de crédito etc. etc.. Pero claro, en aquellos tiempos el barril de petróleo tenía un precio y lo que interesaba era vender la mayor cantidad de combustible posible. Todo, claro está, con la debida garantía hipotecaria.
Luego de unos años, el sistema demostró falencias, y una de las tantas que podríamos nom-brar era que las compañías estaban soportando la merma por zona térmica, la misma que fuera regulada por la Secretaría de Energía con la Resolución número 174 del 10 de abril de 1986, (Norma IRAM IAP A 6906) luego inútilmente derogada por el gobierno de Menem. Pero resulta que las mermas son hechos físicos, y así como Sarmiento decía que las ideas no se matan, las mermas por zonas térmicas no desaparecen. Entonces, había que encontrar una solución, y parte de la misma fue el nacimiento de la llamada Fase II. Pero todos estos cambios abruptos no son privativos de YPF S.A., sino de todas las compañías y según las circunstancias.
De todos modos, este nuevo esquema realmente era un escenario muy prometedor, puesto que los operadores recibían dinero fresco para remodelar sus estaciones (nueva imagen), obtenían en préstamo (comodato) los nuevos y modernos surtidores, y por sobre todo se les entregaba un stock de combustible sin tener que pagarlo de inmediato ¡¡¡ y con un plazo que en el caso del gasoil muchas veces superaba los 40 días.
Recordamos un día que, cuando un cliente rebosante de entusiasmo nos trajo para estudiar el primer contrato de Red XXI, se nos hizo difícil hacerle entender que en la práctica iba a dejar de ser dueño y señor de su negocio para convertirse en un cuasi empleado obediente y sumiso a cambio de tan generoso ofrecimiento; que en realidad con el correr del tiempo quien iba a ganar dinero en la venta de combustibles eran las petroleras; que los operadores iban a ser “utilizados” para distribuir, y que por esa razón les hacían abrir nuevas unidades de negocios (centro de compras, cabinas telefónicas, etc. etc.). Pero no, no había forma que comprendiera eso, pues nos decía –entre otras- que con el plazo que le otorgaban para pagar era la única manera posible que tenía de seguir en el negocio; que dicho plazo y condiciones de pago le resultaban esenciales para su desarrollo y que si no fuera por ese “detalle” no tenía sentido contratar por los 15 años que le exigían y en condiciones tan rigurosas. Y, claro, nuestros argumentos legales no hacían mella frente a las explicaciones comerciales que nos mencionaba. Pero nuestra labor era solo eso, alertar al cliente sobre la modalidad contractual y sus consecuencias, ya que se trataban y se tratan de contratos de adhesión, esto es, acéptalo o déjalo, ya que no se puede discutir ni negociar prácticamente nada.
Así la cosa, la Petrolera fue integrando a la Red XXI todos los operadores, ya que (en los hechos) a éstos no les quedaba otra opción. Similares modalidades de comercializar fueron adoptando también las otras petroleras para algunas de sus bocas de bandera.
Los Operadores vivieron tiempos que parecían de bonanza, ya que de pronto se encontraron con estaciones remodeladas, modernas, con stock de combustible y un plazo para el pago extenso, siendo éste último elemento el que influyó decididamente para la firma del/los contratos en la mayoría de los casos.
Y aparecieron los famosos “comerciales” o RRCC, quienes con habilidad profesional, siempre se las ingeniaban para disuadir al operador de formalizar cualquier queja; y sobre todo dejarle en claro quién es el que manda, sosegando todo repentino brío que pudiera asomar. Son los “monjes negros” de la relación contractual. No obstante es de rigor aclarar que los hay buenos y malos, como sucede con la generalidad de las cosas.
Pero con el correr del tiempo, las cosas y circunstancias fueron cambiando, y lo que parecía una buena oportunidad de negocios fue dejando de serlo, y las condiciones originarias abrupta e inconsultamente se diluyeron frente a un Operador expectante y temeroso.
Todos sabemos que quien lidera el mercado y por ende fija y maneja las condiciones y pautas generales, es la ex estatal YPF.
Uno de los cambios más significativos y de mayor gravedad para el operador, fue cuando esta petrolera modificó las condiciones originarias de la Red XXI, alteración conocida en la jerga como Red XXI FASE II.
En aquellos penosos momentos que vivía el país (2001/2002), o sea todos nosotros, había que “achicar riesgos” y por cierto a quienes se debí a apretar era a los estacioneros. Esta Fase II obviamente también fue compulsiva, y primeramente corresponde dejar en claro que no está en la intención de nadie firmar un contrato que tenga "Fases". Resulta totalmente contrario a la esencia de un contrato la mera existencia de "fases", salvo que estuvieren expresamente pactadas en su génesis. Se supone que los hechos se desarrollan dentro de un marco de previsibilidad que justamente marca el contrato.
Se trató básicamente de una reducción compulsiva de stock obligando al estacionero a pagar gran parte del stock inicial y se modificó intempestivamente lo que a nuestro juicio fue lo más grave, esto es, la naturaleza misma del contrato, pues se cambió imprevistamente (para los operadores) la operatoria original (consignación) para pasar a ser una compra venta lisa y llana, puesto que el operador debe pagar la “Factura” a su vencimiento con independencia que haya vendido o no el combustible. No obstante, los estacioneros deben seguir vendiendo “por cuenta y orden” es decir, como si el combustible fuera todavía dado en consignación cuando en realidad una vez que se paga la factura ya es propiedad de la estación.
Con esta falacia, se generan una serie de situaciones que no vamos a comentar aquí porque exceden el marco de estos escuetos comentarios, pero vale la pena mencionar el tema de las mermas, los costos de mantenimiento de stok, los impuestos que el estacionero paga por combustible que no vende etc. etc.-
En los hechos, un buen día el comercial se apersona y le dice al operador que si no entrega los cheques para el pago de reducción de stock, no le traen más combustible. Y cabe aclarar que el pago debí a ser hecho a precio de cartel, es decir, sin descontar las comisiones. Es difícil comprender la estructura contable impositiva de esta petrolera, puesto que en muchos casos no entregaron las facturas correspondientes a la compra compulsiva por la reducción de stock a precio de cartel.
Como dijimos, una vez entregados los valores por esta nueva operatoria uno esperaría recibir una factura por cuanto la petrolera tributa como responsable inscripto, y el combustible no se supone exento de IVA ni de Impuestos internos, por tanto, los operadores pagaron una cosa cierta (combustible), traspasándose entonces la titularidad de esa cosa en cabeza de quien la compra, ya no es más de quien la vende sino del que la compra. Y los créditos por IVA ¿?
No podemos asegurar que este modo fue impuesto a todos los operadores, pero si a muchos de ellos. A nuestro criterio, uno de los objetivos encubiertos de Fase II fue hacer recaer en el estacionero las pérdidas por mermas, además de los "impuestos distorsivos" que se fueron creando en lo que podríamos llamar la Fase I. Habría que preguntarles a las dependencias de Rentas provinciales, ¿dónde es que se desarrolla el hecho imponible? O acaso todo el país carga combustible en Buenos Aires?
Nótese entonces como de a poco fue cayendo la rentabilidad.
Con el incremento significativo del precio internacional del petróleo, las grandes compañías comenzaron a perder interés en abastecer el mercado interno para volcar sus productos al mercado externo, empezando así los retaceos en las entregas de combustible, la implementación de los llamados “cupos” y todas las excusas que uno pueda imaginar. Esto motivó el dictado de un Decreto que faculta a los operadores a denunciar en caso de desabastecimiento, lo que en la práctica no se hace por temor a represalias.
Recuerdo que una vez dijimos en una pequeña publicación: “La “racionalización” en la entrega-aprovisionamiento o “cupos” es algo tan "irracional" y nocivo para las EESS que no comprendo cómo todavía la gran mayoría de los estacioneros se quedan impávidos viendo como se desmoronan sus ya alicaídos negocios sin tomar ningún tipo de acción concreta.” Y también agregamos: “Como es de conocimiento de los Operadores, las proveedoras retacean la entrega de producto (gasoil) inventando los famosos "cupos" o limitación de la provisión, algo que no solo no está estipulado en ningún contrato de provisión sino que está reñido con la obligación de éstas de mantener un flujo de provisión suficiente para el normal desenvolvimiento de las EESS, cualquiera sea su dimensión, y en especial con aquellas estaciones que, por sus características son las llamadas "gasoleras".
Entre otras, esta actitud mezquina trajo aparejada la desaparición de más de 2500 estaciones de servicio en estos últimos tiempos, y las más golpeadas fueron las denominadas Blancas o sin bandera, a las cuales nos referiremos más abajo.
Los cupos, son un descarado incumplimiento contractual de las petroleras que ningún opera-dor debiera haber permitido.
Siguiendo el hilo conductor de estos comentarios, podemos agregar que, entre otras prácticas que llevaron al Sector a la situación actual, fue la competencia desleal desarrollada por las petroleras incluso en contra de sus mismos operadores.
En efecto. Clientes que siempre fueron de los estacioneros, luego pasaron a manos directas de las compañías petroleras, a quienes llamaron “grandes clientes”, (empresas de transporte, los productores agropecuarios, las cooperativas, las municipalidades, los grandes consumidores etc.), a quienes les ofrecían precios y condiciones que ningún estacionero medio estaba en condiciones de igualar.
No podemos olvidar el papel que juega el gobierno en toda esta situación, por cuanto es una agente activo y que naturalmente está llamado a proteger las asimetrías que se producen en determinadas situaciones donde está en juego la sanidad de un Sector tan importante como lo es el de las estaciones de servicio, que son pymes que dan trabajo a innumerable cantidad de personas, evitando así que pasen a engrosar la lista de desocupados del país.
Existen varios factores que participan en este partido, pero los más destacados son el hecho que el estado percibe una enorme cantidad de dinero por la comercialización de combustibles y su exportación; y por otro lado también está el hecho de pretender mantener controlado el índice inflacionario, como si mantener “pisados” los precios fuera a frenar de manera sana la inflación que ya no se puede disimular.
Depurando las estaciones:
Es entendible que, comercialmente hablando, a las petroleras no les interese mantener bocas que venden menos de 200.000 litros, e incluso, que esos litros estén compuestos en su mayoría por naftas, pero sucede que existen miles de estaciones en todo el país con un caudal de ventas sensiblemente inferior a la cifra mencionada, es decir, se trata de un segmento muy importante de estaciones (pymes) que como ya viene sucediendo, en breve tendrán que cerrar sus puertas dejando a millares de empleados en la calle, como también a un sin número de operadores frustrados que dieron toda su vida por sus negocios.
Es obvio que se viene realizando una "depuración" de estaciones. Dicha depuración tiene por objetivo (entre otros) el que subsistan las estaciones grandes y sobre todo "subordinadas, dependientes y sometidas" a las famosas "políticas de empresa" de las petroleras, olvidándose que las pequeñas durante años despacharon sus productos en momentos que no corrían los vientos favorables que hoy corren para las productoras. Cabe aquí preguntarse qué tipo de ayuda están recibiendo las "pequeñas" de parte de sus proveedoras para que puedan seguir subsistiendo. Obviamente ninguna, solo la notificación de que no renovarán el contrato.
Dice un Operador: "Es dificultoso lograr aumentar las ventas, cuando nuestro proveedor nos limita las entregas de producto, y ahora resulta que uno de los motivos por los que no renueva el contrato son los bajos volúmenes de ventas." Increíble, pero real.-
Que mejor para las petroleras que quedarse con pocos operadores sumisos y vender en con-junto lo que despachan varios "chicos" ?. Disminuyen los problemas de atención, se simplifica la logística etc. etc.
Estos estacioneros (los llamados chicos), si no llegan a algún acuerdo con quien les suministra, o algún organismo de gobierno pone coto a estas llamadas “políticas de empresa” seguramente pasarán a engrosar la lista de las estaciones Blancas, las que a su vez dependen de los proveedores mayoristas que también están sujetos a las entregas restringidas de producto y a un costo mayor que deben trasladar necesariamente a sus clientes (las Blancas), haciendo prácticamente inviable la explotación por ser antieconómica.-
Blancas
Ya hace algún tiempo, en otra oportunidad -refriéndonos al segmento de las estaciones blancas o sin bandera- dijimos:
...En efecto, desde hace ya algunos años se advierte con meridiana claridad que las grandes empresas petroleras, por diversos factores económicos vienen evidenciando un significativo desinterés por el mercado interno, y una indudable deslealtad e ingratitud incluso para con sus propios Operadores.
Y también supimos agregar que “La problemática en la operatoria de las estaciones de servi-cios Blancas o independientes (aquellas que no tienen contrato de exclusividad con ninguna de las Petroleras) es variada y no escapa al común de lo que sucede al resto de la actividad comercial en nuestro país, poniendo siempre de manifiesto la difícil situación de estas pymes frente a las condiciones del mercado actual.
Pero el problema crucial de estas pymes son las petroleras y sus políticas monopólicas.
Ahora, ya no podemos hablar de difícil situación, sino que, lisa y llanamente, debemos referirnos al fin o colapso de dichas estaciones, las cuales, por otro lado, dan trabajo y sustento a un sinnúmero de familias.
Como ejemplos de esas malas prácticas, podemos citar innumerables casos, pero como para muestra sirve un botón, lo más claro es la falta de provisión o entrega de combustibles a los Distribuidores Mayoristas que son los únicos que pueden abastecer a las estaciones Blancas, y nadie las puede frenar en su afán desmesurado de lucro.
El sector –a nuestro entender- ya no da más. Los costos operativos y de mantenimiento siguen subiendo y las ventas por el piso. Las petroleras aumentan descaradamente los precios a los distribuidores mayoristas, los “ajustan” en las condiciones pero lo niegan en público.
Y esos desmesurados aumentos los tienen que absorber los estacioneros porque las Petroleras son las “formadoras de precios”. Es decir, un Operador Blanco, que debe comprar más caro, no puede trasladar ese costo al precio de venta pues queda fuera del mercado.
Lamentablemente, las grandes empresas cuentan con una prensa y medios publicitarios que obviamente no está al alcance de los estacioneros, ya que éstos no tienen acceso a manifestar la realidad de lo que acontece, y el público en general solo conoce la información parcial que aparece en los medios de comunicación.
Pero la realidad es que los operadores de estaciones de servicios, en especial las independientes, ya no tienen manera de subsistir sanamente, pues no pueden hacer frente al pago de sueldos, impuestos, gastos operativos y de mantenimiento etc. porque las Petroleras no les entregan a los Mayoristas (recordamos que son los únicos que pueden abastecer a las Blancas) o bien lo hacen a precios que son casi los mismos que los que éstas exhiben en sus carteles de venta al público en sus estaciones, sin dejar margen o utilidad alguna para la subsistencia de los independientes. Lo cierto es que se avizora pronto el ocaso de las estaciones blancas o independientes y con ellas el fin de una gran cantidad de fuentes de trabajo. Ello, sin mencionar la creciente concentración de bocas de expendio propiedad de las mismas petroleras”
A modo de síntesis, podemos decir que: La apetencia desmedida de lucro, la voracidad fiscal, la competencia desleal, la apertura permanente de bocas propiedad o gerenciadas por las grandes compañías (a las que nunca les falta producto), la no renovación de contratos a las estaciones consideradas “chicas”, la conversión masiva de automóviles a gas, el aumento enorme en los costos operativos etc., son la causante principal de la falta de rentabilidad que se viene teniendo. Es el temible poder de los poderosos que ahora se muestra a las claras, descorriendo el velo que nos cubrí a los ojos dejando paso a esta triste realidad.
Las preguntas finales serian: 1.- Que hicieron de modo concreto los dirigentes para revertir y resistir esta situación???? 2.- Estos dirigentes, son los mismos que hoy hacen reuniones buscando soluciones a la crisis que ellos mismos contribuyeron a generar???
Dr. Mario López Villagra – Dr. Favio J. Casarin Corriente Apertura y Renovación de Fecac
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